Ana Valero es la directora de Políticas Públicas de Telefónica Hispanoamérica. Una creyente del poder de las infraestructuras de telecomunicaciones como vehículos de desarrollo de la región. Pero la dinámica de la industria está impactada por la cuestión digital y las regulaciones existentes, pensadas en otro momento y para otra realidad, y que necesitan ser repensadas para lograr ese objetivo sobre el que esta ejecutiva está convencida; aún cuando sabe que no es el único factor que logrará cambiar las realidades, porque gran parte le toca a la educación. Un año atrás, había sido terminante sobre la prioridad de 4G sobre 5G. Ahora, en diálogo con TeleSemana.com, volvió a referirse sobre el rol de la compartición de infraestructura, cuándo avanzar hacia 5G y, aunque no habló de manera directa de fair share, aportó una nueva mirada para que la cancha se equilibre entre las operadoras tradicionales y las grandes generadoras de tráfico.
Hace un año conversamos sobre lo que se había hecho en materia de espectro, especialmente en México, el camino de la compartición de infraestructura, que luego tuvo un nuevo capítulo en Colombia con Millicom, y que había que seguir apostando a 4G antes que a 5G. Hoy ya casi todos los países resolvieron sus licitaciones 5G, entonces ¿cuál es hoy la mirada de Telefónica respecto a estos temas? ¿Ya es tiempo de empezar a ir hacia 5G?
Dependiendo para qué quieras el 4G o el 5G. Si tú estás pensando para el segmento empresarial, para aquellos que necesitan servicios más sofisticados, el 5G empieza a ser una realidad. Pero fíjate un dato que me parece interesante: el país de América Latina, que tiene mayor penetración de dispositivos 5G es Chile donde un 25 por ciento de los clientes están en disposición de tener un dispositivo para utilizar 5G. Y otro dato que me parece también muy relevante es que un dispositivo de entrada de bajo valor de 5G está costando alrededor de dólares 450 dólares mientras que un dispositivo 4G ya hay por menos de 100 dólares. Si estás pensando cómo hago para llevar más servicios a más segmentos de la población, creo que 4G sigue teniendo un recorrido importante en la región. Si lo que estamos hablando es cómo vamos creando las bases para los servicios del futuro, para los clientes más sofisticados el 5G empieza a ser una realidad. Pero pensando en cómo equilibrar las políticas públicas, hace falta avanzar en 5G, pero al ritmo que te vaya pidiendo el mercado, sin olvidar el 4G, porque a día de hoy, para ese cierre de brechas, para esos casos de uso, para la mayor parte de los clientes, 4G sigue siendo muy relevante. Y con 4G nos encontramos con dos retos: uno es cómo llevamos el 4G a todos los rincones de la región, porque sigue habiendo una parte de los de la región donde no tiene 4G. Y otro tema que está surgiendo en los últimos tiempos es la necesidad de ampliar capacidades en las redes 4G.
¿Por qué?
Porque los tráficos están creciendo tan rápido que eso te está haciendo que las redes 4G tengan mucha presión y estamos encontrando problemas de calidad. Ese tráfico está creciendo rápido, esencialmente por los servicios de video. Las aplicaciones de video meten mucho estrés en las redes y eso está haciendo que se estén deteriorando la calidad en algunas zonas. Es un tema que preocupa a los consumidores, a los reguladores y nos preocupa a los operadores. Nosotros tenemos que hacer inversiones para ampliar capacidad en estas redes, teniendo poco impacto en capacidad de monetizarlas y eso es un reto. Al final, nosotros siempre tenemos que competir entre “dedico plata para ampliar capacidad en Bogotá o en una ciudad intermedia de Colombia”. Y tengo que decidir. Y cuando hago ese análisis, posiblemente las zonas urbanas siguen siendo más rentables que las zonas intermedias o que las zonas rurales. Entonces aquí hay un reto de cómo hacemos que ese crecimiento del tráfico sea sustentable, pueda ser absorbido por las redes y haya recursos para hacer frente a las inversiones que requiere. Con lo cual, estamos en un panorama un poquito distinto de hace ya hace un año con respecto al 5G, y han habido muchos avances en la región, pero aún con retos interesantes.
¿Y en esto de darle mayor capacidad a las redes cuánto influye la posibilidad de apagar redes anteriores? ¿Es posible que a partir del apagado de las redes anteriores, toda esa capacidad o esa mejor eficiencia del espectro pueda ser volcada a 4G?
El apagado de las redes legadas, el 2G, 3G, también implicó al cobre en un momento dado. Es un reto muy importante que tenemos en la región y muchos países fuera de la región han avanzado rápidamente. Por ejemplo, en Estados Unidos los operadores prácticamente han apagado sus redes 3G. Nosotros, Telefónica, ya hemos apagado redes 2G en México, hemos apagado 3G y 2G en Uruguay con muy poco ruido, funcionando muy bien, asegurándonos la transición. En algunos países estamos avanzando en apagado de redes 2G y en otros países en apagado de redes 3G en función de la situación de cada uno de los mercados y en función del espectro. Un punto muy importante es que cuando uno piensa en el mediano plazo, es decir, en los próximos cinco o seis años, posiblemente tendremos que cerrar todas las redes, porque vamos a poder utilizar ese espectro de 2G y 3G para 4G. Y luego hay un tema muy importante que hasta ahora no sé si la gente lo tiene en su mente: una red 5G consume un 80 por ciento menos de electricidad que una red 2G. En un contexto en el que todos estamos con mucho foco en los temas de sostenibilidad, con retos importantes de disponibilidad de energía eléctrica por la situación climática, este ahorro de energía que traen las nuevas redes es muy relevante, con lo cual también es un incentivo adicional para avanzar, porque aparte desde el punto de vista un operador gestionar una red 2G, una red 3G una 4G y una red 5G es súper ineficiente.
¿Hay encuentran obstáculos a nivel de las regulaciones para poder avanzar hacia ese proceso?
Hay países en los que estamos teniendo bastante comprensión por parte de los reguladores. Están entendiendo que es un camino a avanzar rápidamente. Nos están dando facilidades, por supuesto, protegiendo a los clientes y asegurándonos que con las nuevas redes no perdamos zonas de cobertura. A mí eso me parece que es el tema, que los reguladores tienen que poner foco en estos procesos y que no haya nadie que se quede sin cobertura. Pero por otra parte, lo que no tiene sentido es que no permitas a los operadores apagar la red hasta que todos los clientes migren. Tenemos en algunos países cinco o 10 clientes en 2G y no tiene sentido mantener un sitio encendido para un volumen tan pequeño de clientes, ¿Es eficiente tu punto de vista de sostenibilidad desde el punto de vista de gestión que estábamos pensando? ¿Y tiene sentido también esto?
¿Cuáles son los aspectos en los que se require trabajar más profundamente para seguir habilitando posibilidades al sector, teniendo en cuenta que al sector le está costando mucho generar ingresos nuevos?
Estamos en un momento un poco de encrucijada de la industria. Nosotros en Telefónica ya llevamos años viendo que nos estamos aproximando a una situación como de de insostenibilidad, de que estamos poniendo en riesgo la sostenibilidad financiera de la industria. Porque los ingresos están decreciendo o estancados y está costando mucho tener un crecimiento de ingresos por cliente. Por otra parte, debemos enfrentar unas inversiones crecientes. Hay una presión de nuevas redes de 5G, la extensión de 4G, de la fibra que requiere una cantidad de recursos enorme y por otro lado, unas estructuras de mercado con un nivel de competencia excesiva, con jugadores que vienen de alguna manera evolucionando. Hace falta darle una mirada nueva a esta industria. Este enfoque que tenían los reguladores de que era una industria con mucha capacidad de generación de fondos, donde nos podían cobrar muchísimos impuestos, y nos podían cobrar unas cifras altísimas por el espectro es un modelo que yo creo que ya no va más. Hay algunos reguladores y gobiernos que han sido capaces de entender esto y de reconducir algunas políticas de espectro. Pero si uno combina los altos precios del espectro con las necesidades crecientes, porque para prestar servicios 5G de calidad necesitamos entre 80 y 100 megahertz en 3.5 GHz y eso es mucho. Es mucho más espectro que el que necesitábamos en el pasado. Si tenemos que pagar esos precios altísimos que estábamos pagando lleva una situación insostenible.
¿Cómo sería esa nueva mirada?
Hace falta una nueva mirada de las políticas públicas, una mirada en la que no se vea a esta industria sobre la que extraer recursos fiscales, sino verla más como un aliado clave para el desarrollo productivo, económico y social de la región. Creemos que hay una gran oportunidad de plantear unas políticas públicas que realmente ayuden a que podamos tener redes fuertes, resilientes y modernas. La mayor parte de la regulación que tenemos ahora mismo procede de las aperturas a la competencia al final de los 90, es decir, tienen más de 20 años, 25 años. Y la realidad de la industria en aquel momento, la realidad de los servicios no tiene nada que ver con la realidad que enfrentamos actualmente. De hecho, hay un proyecto interesante en el que se está trabajando de armonización regulatoria, que trata precisamente de ayudar crear guías a los reguladores de la región en cuanto a cómo avanzar en ese proceso de mejora regulatoria que tiene que ver con eliminación de regulación obsoleta, que no es necesaria, que no te aporta valor. Un ejemplo muy simple, muy tonto, pero la cantidad de reportes de información que tenemos que hacer los operadores es increíble. Hay países en que tenemos que hacer más de 300 reportes por año. Eso tiene un costo enorme para nosotros.
A razón de uno por día…
¿Es una locura, no? Hay un montón de regulación que te afectan a servicios que prácticamente nos han desaparecido como los SMS o las asimetrías regulatorias que enfrentamos, como la televisión paga que tiene toda una serie de regulaciones, de obligaciones, y los servicios de televisión que son competidores directos como los OTT no tienen ninguna. Ese tipo de asimetrías hay que eliminarlas y nosotros pensamos que no hay que eliminarlas regulando al otro, hay que eliminarlas quitando la regulación e igualando la regulación, igualando hacia abajo en un proceso de regulación inteligente. Deja que el mercado funcione, deja que que el sector avance. Y si ves que hay problemas de competencia, ves que hay problemas que tienes que solucionar, interviene. Yo creo que todo ese cambio en la filosofía regulatoria es fundamental porque es un habilitador muy grande para la industria. Y un último elemento que no quiero dejar de señalar porque también es muy relevante a nivel regional es todo lo que tiene que ver con la regulación de despliegue de infraestructura, porque seguimos teniendo una regulaciones muy complejas y muy costosas para los despliegues de infraestructura. Si las redes de telecomunicaciones son tan importantes y la transformación digital es tan importante, necesitamos buscar una regulación en las políticas públicas que habilite, que facilite el despliegue de todas estas redes.
Mencionaste el caso de TV pagas y OTT: antes de pedir que les cobren a las OTT, ahora buscan que eso que no las alcanza a ellas también sea aplicable a ustedes. ¿Ese es un cambio de mirada también, no?
Nosotros siempre hemos abogado por el tema de la infiltración. No tenemos una cancha de juego equilibrada. Yo creo que una parte de esa cancha de juego tiene que ir a un proceso de regulación, de reducción de carga regulatoria para todos. Luego hay otro debate importante y es que nosotros también estamos en la mesa de la industria. En el sistema actual los grandes agentes de Internet no tienen ningún incentivo para hacer un uso eficiente de nuestras redes y el crecimiento del tráfico que está viniendo por nuestras redes proviene por soluciones de video, y está concentrado en muy poquitos agentes que generan mucho tráfico. Si el objetivo de la extensión de los servicios de la extensión de las redes es un objetivo común, tenemos que pensar cómo contribuimos todos. Acá hay distintos mecanismos con los que se puede contribuir, pero tiene sentido pensar que esta carga de de las inversiones sea solamente por una parte de la industria. Luego, hay que pensar cómo genero incentivos para que haya un uso adecuado y eficiente de las redes. Si yo tengo uno, yo tengo una persona que está haciendo un uso hiper intensivo de la red y se está consumiendo todo la capacidad, eso termina afectando a la calidad del servicio.
¿Cómo serían esos incentivos?
En Estados Unidos, como tienes una industria de telecomunicaciones con mucha menos carga regulatoria, con operadores más grandes, más eficientes, más copas, más sostenibles financieramente, este reto de cómo se acompaña, cómo se hace frente a la crisis de inversión, no es un problema que esté sobre la mesa. En Europa es un tema que está sobre la mesa. En Corea la propia Justicia ha establecido un mecanismo por el que Netflix en concreto tiene que pagar, tiene que retribuir por el uso de la red de los operadores. Son mecanismos en los que de alguna manera hay que pensar cómo equilibro la función de mercado y cómo sumamos los recursos que faltan para hacer frente a las inversiones que requiere la industria.
¿Qué otras soluciones pueden haber en esto de ir equilibrando la cancha?
Que aquellos grandes generadores de tráfico tengan la obligación por una parte. De esa manera, ese riesgo de que puedas afectar a la capacidad de innovación, el desarrollo de nuevos servicios, pues la dejas al lado porque los pequeños no están sometidos a obligaciones de este tipo. Hace falta esa mirada de cómo contribuyen, buscar mecanismos también para optimizar la forma en que están introduciendo los tráficos en nuestras redes. Ahí hay muchos mecanismos que se están utilizando y que podrían revisarse, sin afectar en gran medida a la experiencia de los clientes. Para reducir la cantidad de tráfico que va sobre las redes, por ejemplo, se podrían establecer mecanismos para que cuando terminas un vídeo YouTube no se active automáticamente el siguiente porque eso genera un montón de tráfico que el cliente no ha solicitado de forma expresa. Otro ejemplo es la publicidad que te viene con vídeo que interfiere lo que está haciendo el cliente y que genera un montón de consumo y lo está monetizando, pero va sobre las redes de otras que muchas veces no tenemos la capacidad de monetizar. Esto es un reto.
¿Y qué están viendo en relación a la inteligencia artificial (IA) en un momento en donde varios países la están regulando, mismo la Unión Europea?
Nosotros estamos utilizando la IA. Dentro del grupo Telefónica hay más de 650 casos de uso en los que estamos utilizando IA, ya sea para operación y mantenimiento, para planificación de redes, para gestión de múltiples. Yo creo que la IA bien utilizada es una herramienta maravillosa para acelerar la máquina. Lo que ocurre es que también puede tener riesgos muy importantes y por eso se plantean unos principios éticos que hacen que se convierte en un tema clave. Desde Telefónica hemos presentado una propuesta de unos principios éticos a los que nosotros, como grupo, nos comprometemos en el uso de la IA, como informar a las personas cuando estás siendo atendida por un robot, porque es identificar de alguna manera aquellos contenidos aquellos casos en los que se está utilizando IA para el que el cliente sea capaz de de distinguirlo. Ahí va a ser una herramienta en la que todo el mundo estará poniendo mucho foco. Puede ser una enorme oportunidad y no podemos renunciar a tantos beneficios que nos da la inteligencia, pero sí es cierto que conlleva un riesgo. Tenemos que trabajar para controlar esos riesgos y para que las personas sean capaces de protegerse también de los riesgos que le puedan generar.
La compartición de infraestructura ha sido un leit motiv de Telefónica y vaya si lo ha ha llevado adelante, especialmente en en América Latina. ¿Se están pensando otras alternativas de despliegue teniendo en cuenta los contextos de crisis?
Todos los temas que tienen que ver con con compartición, con alianzas y los estamos viendo con un enfoque muy de innovación. El tema es cómo me enfrento a ese reto con aproximaciones muy abiertas. Tenemos los casos de los despliegues con fibra en Chile, en Colombia, poniendo en marcha un proyecto en Perú. Telefónica también los tiene en Brasil, en Alemania en las zonas rurales, en España, el Reino Unido. Es un modelo que el Grupo Telefónica está convencido que funciona y es un modelo de éxito. De hecho, el ejemplo para nosotros, en concreto para Latinoamérica, es el caso de Chile. O lo que acabamos de montar con Tigo en Colombia. Esa red pública para redes 4G y 5G. Nos va a permitir acelerar los despliegues en Colombia, hacer que los servicios de mejor calidad lleguen a más clientes de una forma más rápida. Y luego estamos haciendo también acuerdos puntuales, por ejemplo en Argentina tenemos acuerdos con algunas cooperativas para temas de despliegue de fibra. Estamos haciendo también acuerdos de compartición de red móvil parciales en varios países. Tenemos nuestro modelo de IPT en Perú, que nos parece un modelo muy interesante. Es lo que yo creo que nosotros estamos muy abiertos a distintas alternativas, muy adaptadas a las coyunturas de cada mercado, a lo que la regulación nos permite.
¿Cómo ves en el desarrollo de infraestructura en el próximo año en la región?
Creo que hay un reto importante. A finales del año pasado el Centro de Desarrollo de la OCDE emitió un documento que se llama Latinoamérica Económica, y en ese informe hablaba de un concepto que a mí me encantó en cuanto la necesidad de la región, no solamente de más inversiones, sino de inversiones más eficientes, más efectivas. Ese punto me parece muy interesante. ¿Qué es lo que nosotros estamos viendo en la región? Avanzar con esquemas de compartición, con modelos más innovadores, con distintas aproximaciones para hacer un mejor uso de los recursos que tenemos disponibles para invertir. Los distintas modalidades de compartición de infraestructura con muchísimos operadores en la región son una buena vía de compartir esfuerzos especialmente para zonas rurales, para zonas con menos actividad económica. En una conferencia en estos días en Madrid se mencionaban los volúmenes enormes de inversión que requiere la región. ¿Cómo hace América Latina para atraer esas inversiones? Y se planteaba la importancia de las inversiones entre tres transiciones: la transición digital, la transición verde y la transición social. Esa transición social y sobre cómo hacemos que no se quede nadie atrás en ese proceso de transformación de la región. La relevancia que tiene la transformación digital y las redes de comunicaciones para realmente avanzar en las otras dos posiciones. Yo honestamente no termino de ver cómo es posible avanzar en la transición verde si no tenemos la transición digital, porque la transición digital es lo que va a permitir utilizar el IoT, hacer una mejor gestión de los recursos para el agua, para energía, para poder reunir información y hacer mejor gestión de los negocios. Entonces, yo creo que hay muchas oportunidades, pero también una gran necesidad de atracción de inversiones. Y ahí, en términos generales, la región tiene un reto importante en temas de certeza jurídica, de institucionalidad, de generar esas condiciones que realmente se requieren. Creo que hay grandes oportunidades que vienen hacia adelante. Tenemos que trabajar para que estas oportunidades se concreten, pero también necesitamos ese cambio del enfoque de políticas públicas, no una nueva visión hacia la industria que realmente facilite el atraer esas inversiones y que las inversiones se concreten bien.